Despistes y franquezas

D

Como el título del libro del gran Mario Benedetti, los argentinos nos encontramos, hoy
más que nunca, ante un escenario de fragmentación, fanatismos y dolores profundos.
Pobreza extrema (supera el 40%, solo en el primer semestre), en el gran Resistencia un
60% y, lamentablemente, creciendo. La educación jaqueada por el kirchnerismo y su
relato (la mayoría de los niños y jóvenes, en las escuelas públicas no entienden bien lo
que leen, no pueden extraer ideas principales, no pueden resolver ecuaciones
matemáticas simples). Estos ejemplos son solo para graficar la descomposición social y
la marginalidad. Todo esto es un caldo de cultivo para cualquier expresión, porque los
análisis y fundamentos de esta cruel realidad, tienen asidero, y ahí aparecen las
soluciones mágicas, las propuestas “superadoras”, y la culpa de los otros. Nunca nada
bueno se construye con violencia en cualquiera de sus formas, la verbal no es menor
que las otras. Los tres tercios tan disimiles que se han generado, la novedad de Milei y
su partido, interpela al sistema democrático, es cierto que en 40 años de democracia
en nuestro país no supimos construir (la dirigencia política toda), las bases y cimientos
para el desarrollo de una sociedad más justa e igualitaria, como decía Alfonsín:
“tenemos libertad, nos falta la igualdad”.

La libertad avanza propone cosas que no se pueden llevar adelante en una democracia
republicana, donde los tres estamentos de gobierno tiene su parte y cuota de poder
(ejecutivo, legislativo y judicial), no se puede hacer lo que uno quiere, sencillamente
porque el sistema de contrapesos y controles no lo permite. No se puede gobernar por
decreto, no se puede gobernar a través de plebiscitos, sencillamente porque esos dos
instrumentos están acotados por nuestra Constitución y se pueden utilizar en casos
puntuales. Es decir que, o reunís los apoyos para que un proyecto lo aprueben las
Cámaras, o directamente no sale. Es complejo, pero es así.

Se ve mucha gente que, en muchos casos, cansada y con mucha razón, expresa su
apoyo al líder libertario sin pensar las consecuencias de esas ideas y propuestas:
educación por boucher, salud con la participación de la parte privada, que todo regule
el mercado, venta de armas, venta de órganos, dolarización, etc. Cuando uno va a las
propuestas – plataforma, es una cosa; cuando lo escuchas en los medios o en el
debate, es otra. Es decir ¿A qué parte le creemos? Toda idea nueva, si es que
verdaderamente se quiere llevar a la práctica, supone su estudio y análisis. Que
estemos muy mal, no significa que hay que apoyar a cualquiera que viene a decir lo
que todo queremos escuchar; el kirchnerismo es el gran responsable, luego de varias
gestiones, de dejarnos así: a la deriva, al borde del colapso, casi sin esperanzas de
revertir esta situación. Ahora Milei sin apoyos, aliándose con el gremialismo más
rancio, con violencia, con ideas impracticables y un sector nefasto del Massismo-
Kircherismo, no es la solución.

“Treinta años antes de que se inventase el teléfono, Charles Mackay (periodista
escocés) ya entendió que había un principio común a todos estos acontecimientos:
cuando las discusiones tienen lugar en grupos amplios, ciertos puntos de vista se
esparcen y contagian las opiniones individuales. Se forma una ola de creencias y la
multitud pierde el rasgo que la hacía tan valiosa: su diversidad. Los errores (por exceso
o por defecto) se vuelven comunes y, en vez de anularse, se potencian. Así es como
arrancan los delirios populares que describe Mackay. El principio del delirio es el
contagio. Las ideas, como la risa, como el llanto, el miedo y el entusiasmo, son
altamente contagiosas. La lista de delirios históricos incluye las cazas de brujas, las
Cruzadas, las guerras.

Las multitudes, que se reúnen hoy más que nunca gracias a las redes sociales,
convergen con gran facilidad hacia el delirio. Es casi una marca de nuestra época”.

  • Párrafo del libro “El poder de las palabras: como cambiar tu cerebro (y tu vida)
    conversando”. Autor: Mariano Sigman. Debate (Penguin Random House, Grupo
    Editorial).

*Ilustración: Facundo Kostelak.

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